Lo vi a lo lejos, una sombra, inmune a la muerte, caminando cual león por su selva sin preocupación. Le seguí arduamente por los intrincados callejones, sin perder de vista el muro que me sujeta, entonces, esa sombra, cuyo hedor me hacia seguirla continuamente, desapareció, dejando tras de si nada mas que la ilusión de su encuentro.
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